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Día 5: Japón (Monte Koya: Puerta Daimon, Danjogaran con Kondo, Meido y Daito, Templos Kongobuji, Karukaya y Daishi, Cementerio y Templo Okuno, etc).

Contenido estructurado del post

Visitar, qué ver y qué hacer, en Japón (Monte Koya).

CRÓNICA: Día 5 – 24.03.08: Japón (Monte Koya). El Monte Koya nos esperaba hoy, una de las más importantes montañas sagradas de Japón y centro del budismo shingon, fundado en el 816, hoy presenta alrededor de unos 120 templos, siendo un importante lugar de peregrinaje del país. Tras hora y media de viaje con un par de transbordos y tren cremallera, llegamos a Koyasan. Bus y nos bajamos en el centro, donde aprovechamos para hacer un desayuno/comida y comprar algunos recuerdos. Tras ello, fuimos hasta el templo budista donde nos alojábamos, ¡qué gran elección!, dejamos el equipaje y comenzamos la visita. Tras atravesar la Daimon Gate, visitamos el complejo Danjogaran; centro del Monte Koya, y a continuación el Templo Kongobuji; de 1593 y el más importante del budismo shingon, donde acabamos en la sala de meditación con té y pastas. Tras volver al alojamiento y realizar el checkin, dimos un importante paseo, pasando por los Templos Karukaya y Daishi, hasta el Cementerio de Koyasan; el más grande de Japón (con el Mausoleo Kukai donde está enterrado el fundador del budismo shingon), con más de mil años de historia y más de medio millón de tumbas. Un lugar simplemente espectacular, envuelto en un halo mágico y que desprende muchísima energía. Tras su increíble visita, vuelta a nuestro templo para disfrutar de una espectacular cena vegetariana, regada con sake y cerveza, para irnos a dormir y descansar pronto en nuestros calentitos futones.

Llegaba un día importante, ¡¡¡íbamos al Monte Koya!!! :), sin duda, uno de los días más esperados en este viaje. Haciendo un poco de historia: el Monte Koya o Koyasan, es uno de las tres montañas sagradas del budismo ej Japón, y centro más importante del budismo shingon en el país (bueno, 4 si incluimos el Monte Sosha. Y no, el Monte Fuji es sintoísta, no budista). Fue fundado en el 816 y se encuentra situado a 800m de altura, en una zona poblada por alrededor de 120 templos, aunque en su mejor momento llegó a albergar más de 1500 templos. Igualmente, es uno de los mayores lugares de peregrinaje en Japón debido a ser parte de los sitios sagrados y rutas de peregrinación de los Montes Kii (y otro lugar visitado que es Patrimonio de la Humanidad). Atractivos, por lo tanto, no le falta como podréis suponer…

Nos levantamos relativamente pronto, a cosa de las 7. El día estaba nublado, esperábamos que no nos pasara como el día anterior, que nos llovió a última hora, ya que íbamos a estar en plena montaña, como lloviera a saco nos podía joder bastante nuestra estancia en el lugar… En fin, recogimos todo, bajamos a recepción, hicimos el checkout del Hotel Kinki y dejamos las maletas, cogiendo sólo lo necesario para pasar el día fuera, total, mañana volvíamos 🙂 Realmente Koyasan está relativamente cerca de Osaka (horita y media más o menos), aunque ya está en la prefectura de Wakayama, había que tener muy controlados los horarios de los trenes, ya que hay poquitos trayectos al día que duraran realmente esa hora y media de la forma más directa posible, los demás llegaban hasta las 3 horas teniendo que pasar por parte de la prefectura de Wakayama.

Pillamos algo de desayunar para el camino, y fuimos al metro, para variar, todo petado de peña al ser hora punta. De Umeda a Nanba, y de aquí hasta la estación de Gokurakubashi, donde partía el tren cremallera que nos sube hasta Koyasan. En esta estación compramos los pases para el tren cremallera junto con el bono de un día para el bus (que finalmente no le sacamos provecho ya que no usamos todos los viajes, a casi todos lados se puede ir andando, y como nosotros somos de patear… así que no lo recomiendo). El tren cremallera me recordó muchísimo a los “tranviascensor” (como los llamo yo xD) de Lisboa, que te suben de una zona a otra (al Barrio Alto por ejemplo). Íbamos poquita gente (algunas personas mayores solas, alguna pareja con los críos, etc), para variar éramos los únicos occidentales (y no vimos ninguno más en Koyasan durante nuestra estancia). La verdad es que estábamos subiendo una pendiente muy muy considerable, subiendo la ladera de la montaña con el tren cremallera, en pleno bosque. Hasta que por fin llegamos a la estación superior… cogimos unos planos y unos folletos de información y salimos de la misma, no teníamos ni idea de qué bus teníamos que coger para que nos llevara hasta nuestro alojamiento, así que preguntamos a los trabajadores que había allí, los cuales muy amablemente nos indicaron cuál era, ¡y que salia ya mismo!

Día 5: Japón (Monte Koya: Puerta Daimon, Danjogaran con Kondo, Meido y Daito, Templos Kongobuji, Karukaya y Daishi, Cementerio y Templo Okuno, etc).
Día 5: Japón (Monte Koya: Puerta Daimon, Danjogaran con Kondo, Meido y Daito, Templos Kongobuji, Karukaya y Daishi, Cementerio y Templo Okuno, etc).

Se notaba que estábamos en plena montaña y en un lugar sagrado, se respiraba aire puro, paz y tranquilidad… aunque la temperatura era varios grados menos que en Osaka, el día aquí estaba despejado y sin nubes, pero hacía bastante frio (y eso que íbamos abrigadillos). Cogimos el bus y nos bajamos, si no recuerdo mal, en la parada de KoyaKeisatsumae, más o menos el “centro” de Koyasan, era un cruce donde se juntan varias calles (o carreteras vamos), hay tiendas, algunos restaurantes, etc, bastante animada la zona.

Como teníamos hambre ya que apenas habíamos desayunado nada… pues decidimos “comer” ahora jeje (eran las 10:30 xD). Justo acababan de abrir el sitio donde entramos, apenas 3 mesas para un pequeño lugar acogedor, donde fuimos recibidos de forma estupenda (no muchos turistas occidentales vienen por aquí), y comimos y bebimos… pues como siempre: ¡de puta madre! 🙂 Después fuimos a una tienda mazo de tocha que había en frente, con artesanía, regalos, productos budistas, comida, etc… Aquí estuvimos un ratillo, ya que tenía cosas bastante interesantes, sobre todo la artesanía de madera de diversas deidades y representaciones de Buda. Cogimos un par de “rosarios budistas” y un par de figuras de madera talladas y pintadas a mano para regalar, ¡súper chulas! Esperamos de nuevo el bus y ahora sí nos bajamos en la parada correspondiente a nuestro alojamiento (Atagomae). Bueno, según el mapa, el Templo Hoonin, nuestro alojamiento, estaba aquí al lado, ¿pero donde?, ya que no se veía nada a primera vista que lo identificara… Nos equivocamos de calle y callejeando fuimos a parar a una sin salida, por aquí no era seguro jeje, volvimos hacia atrás y fuimos por la paralela… y ahí estaba, ¡¡¡frente de nosotros!!!, realmente no tenía ninguna pérdida, se ve nada más entrar en la calle, al fondo de la misma

Nuestra primera impresión es que “es igual que un ryokan”… pero no, era un templo budista, donde viven monjes sí, que me lo preguntan mucho  xD. Entramos dentro del templo en sí (ya que está rodeado en parte por un jardín), y nos quitamos las zapatillas… primero porque es lo que hay que hacer, y segundo porque vimos un montón de zapatillas de peña colocadas en la entrada jeje (¿de quiénes serían?, ¡¡¡si no había nadie!!!). Nada más entrar, salió a atendernos el “monje kid”, apodo cariñoso que le pusimos al pequeño monje budista (tampoco tan “pequeño”, ni idea de su edad, pero suponíamos que unos 20 máximo). Suponíamos igualmente que era el hijo del “monje supremo” jeje, con sus gafitas y su cabeza rapada… súper agradable, súper amable, súper motivado siempre por atendernos. Hablaba inglés muy mal (peor que yo y ya es decir jeje), pero siempre se esforzaba al máximo por intentar entendernos y hacerse entender. Como era pronto y todavía no podíamos realizar el checkin, dejamos las cosas y nos fuimos.

Nuestra primera parada, a apenas unos minutos de nuestro alojamiento, era la Daimon Gate, considerada la entrada principal a Koyasan. Justo aquí pasaba la carretera que rodeaba la montaña y llegaba hasta la Estación de Koyasan “por el otro lado”, no por donde iban los buses. Aquí vimos un par de caminos señalizados, uno de ellos con un paseo de toriis, que se adentraban en la montaña, parecía una especie de mezcla entre ruta senderista y recorriendo varios templos budistas/sintoístas por la misma… lastima no tener mas tiempo para poder echar un vistazo… De aquí volvimos en dirección al hotel, un par de minutos más abajo, está uno de los centros “templísticos” más importantes de Koyasan: el Danjogaran o “Recinto Sagrado”; el “corazón” y centro del Monte Koya.

Este es uno de los parajes y lugares más bonitos que he visto en Japón sin duda alguna (y luego hablare del cementerio…), y más aún en ese momento de la mañana en que no había absolutamente nadie: sólo nosotros visitando el complejo en total calma y tranquilidad, a la que se sumó un monje budista por los alrededores que se paraba a rezar en todos lados y parece que nos iba siguiendo jeje. A pesar de que el día estaba despejado, como dije, hacia bastante fresquillo,y había bastantes restos de nieve por aquí… así que por aquí debían caer unas heladas y nevadas de impresión jeje. Y nada, aquí nos encontramos con tres edificios principales: el Kondo, el Meido y el Daito; la pagoda, que es una reconstrucción de la original, de 1934 con 48m de alto. Ésta, fue construida como un seminario para las practicas esotéricas del budismo shingon. El interior tiene columnas de un color rojo muy fuerte, decoradas con grabados y pinturas referentes al budismo, y en el centro una estatua… la verdad es que el interior es precioso y merece totalmente la pena ser visitado, este tipo de colorido es poco habitual en el resto de ramas o sectas del budismo en Japón. Casi enfrente, estaba el Museo Reihokan, aunque no entramos ya que preferíamos visitar otros lugares por cuestiones de tiempo.

Aquí estuvimos un buen ratito ciertamente… la verdad es que el silencio, la tranquilidad y la paz, acompañaba la visita y no te querías ir de allí, estábamos “a gusto”… es esa sensación “extraña” en ocasiones que tienes en algún lugar, de paz y de acogimiento, de respeto y confianza… que te evoca a tu yo mas profundo y a tu íntimo ser… y estás muy agustito, no te quieres ir ;). Pero sí, tocaba moverse xD, de aquí nos fuimos andando (apenas 3min), al próximo templo de visita obligada: el Templo Kongobuji, construido en 1593 (reconstruido en el s. XIX) y templo más importante del budismo shingon. Está compuesto por varios recintos y edificios, incluido un gran jardín de rocas y arena. Pensábamos que el recinto era mas pequeño la verdad, y tienes para un buen ratazo… pero sin duda hay que visitarlo si estás en Koyasan, ¡obligatorio! 🙂 Tiene grandes salas de tatami con puertas correderas pintadas en todos chillones… la “decoración” entre minimalismo y la pintura tradicional japonesa en las puertas le da un ambiente especial ciertamente 🙂 Casi al final del recorrido, y como “toque final” a tu visita al lugar más importante del budismo shingon, llegas a la Sala Shinbetsuden: una enorme sala dedicada a la meditación, donde te sientas con un té y unas galletas de arroz que te facilitan… para que te relajes un poquito y puedas realizar, por qué no, una pequeña meditación e introspección… al fin y al cabo, estás en un lugar sagrado. Eso si… sentados al lado del calefactor jeje, que no veas el frío que hacía aquí… Como curiosidad, decir que tanto en el Danjogaran como aquí, nos encontramos a la misma señora japonesa que ya nos habíamos cruzado anteriormente, iba ella sola, y se paraba a rezar en varias salas (incluida esta), delante de todos los templos, etc…

La fama de Koyasan hasta el momento era bien merecida, nos estaba encantando… Koyasan tiene un halo especial, un halo místico, un halo mágico… y eso que todavía nos quedaba lo mejor…

Día 5: Japón (Monte Koya: Puerta Daimon, Danjogaran con Kondo, Meido y Daito, Templos Kongobuji, Karukaya y Daishi, Cementerio y Templo Okuno, etc).
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Día 5: Japón (Monte Koya: Puerta Daimon, Danjogaran con Kondo, Meido y Daito, Templos Kongobuji, Karukaya y Daishi, Cementerio y Templo Okuno, etc).

Una vez terminamos la visita volvimos al templo donde nos alojábamos para realizar el checkin. Salió el chico a recibirnos (¿sólo estaba él o qué? xD). Nos llevó a nuestras habitaciones y nos explicó cómo “funciona” el tema, es decir; los baños compartidos (todo súper limpio y teníamos wc futurista con botoncitos jeje), dónde estaba todo, los horarios de las comidas, de cierre del templo, de las oraciones y meditaciones de la mañana, etc. Era un personaje muy curioso jeje, se rallaba mogollón cuando no sabía cómo expresar o decir algo en inglés, comenzaba a decir de forma reiterada: “sorry sorry sorry”, poniéndose la mano en la cabeza jeje… a veces pensábamos que le estaban dando unas mega cefaleas de flipar o que le iba a dar un yuyu jeje, pero… y ya hablando en serio: se desvivía por explicarte todo, con una atención súper personalizada y cercana que, sinceramente, no esperábamos la verdad (al no ser realmente un hotel o un ryokan).

Curiosamente, nos dieron dos habitaciones, algo que no entendíamos ya que en la que estábamos era enorme, podíamos estar aquí cuatro personas sin problemas tirados en los futones en el suelo de tatami, pero parece ser que allí funcionaba así: no había habitaciones triples. Así que nos dieron una tocha para dos, y otra mas pequeñita al lado para uno. Podíamos haber dormido luego los tres juntos, pero decidimos que Morche iba a dormir de forma individual, por votación popular jeje. No porque no quisiéramos estar los tres juntos, sino por sus ronquidos xD. El calefactor eléctrico estaba puesto a tope, hacía cada vez más frío, y la habitación estaba bastante heladilla… Nos quedamos tranquilamente media horita en la habitación tomando un café calentito incluido y gratis en la habitación (teníamos juego de café, té, pastas, etc…) y picamos algo de lo que llevábamos encima.

En fin, debíamos irnos, que anochece pronto y todavía nos quedaba lo que, yo por lo menos, tenía más ganas de ver: el increíble, espectacular y brutal Cementerio del Monte Koya. Hacia allí nos dirigimos… Aunque teníamos media horita como mínimo andando, decidimos no coger el bus, así veíamos parte del “pueblo” y el resto de templos que nos íbamos a encontrar por el camino los cuales, para mí, todos merecen la pena: Templo Karukaya, Templo Daishi Kyokai (construido en 1926 para conmemorar el 1100 aniversario del Mt. Koya), etc.

Por fin llegamos a la entrada del cementerio, se podían distinguir dos caminos, así que fuimos por uno, el de la izquierda, y luego volvimos por el de la derecha, por el cual salíamos algo antes a la carretera principal por donde habíamos venido. Había visto fotos y comentarios de este lugar… y no desmerecen en absoluto, el lugar es sencillamente impresionante, es el cementerio más grande de Japón y uno de los más antiguos, en serio, es brutal… la ambientación del mismo es simplemente increíble, aquí sí que se respira historia y misticismo, es un ambiente “sobrecogedor” sin duda alguna… Desde YA, se convirtió de uno de mis lugares favoritos, no sólo en Japón, sino en todo el mundo que haya conocido. ¡Obligatorio!

Según nos íbamos adentrando más y más, se notaba el frió, la humedad del ambiente, la poca luz que entraba a través de los arboles centenarios que estaban a tu alrededor no era suficiente para “calentar” el ambiente, luz que creaba sombras y formas imposibles en las tumbas… Tumbas que hay por todos lados, por todos lados… algunas con aparente orden de colocación, pero casi todas parece que estaban al libre albedrío. Y todo recubierto de un musgo verde y húmedo… Es un lugar “mágico”, un lugar que desprende muchísima energía sin duda, con una atmósfera (como bien decían en la guía de viajes): “inquietante”. Nos íbamos parando cada 2×3, cada uno a nuestra bola jaja, respirando el aire puro, entrando y “callejeando” por los pequeños caminitos entre las tumbas, disfrutando del silencio casi absoluto y ciertamente sepulcral que apenas se rompía por nuestras voces o por un par de personas con las que nos cruzamos. Visitar el cementerio en un día de invierno, con niebla… tiene que ser una experiencia difícilmente olvidable 🙂

La verdad es que es bastante grande. Poco antes de llegar al final, un grupo de chicas que iban todas vestidas igual con el chándal del colegio o similar nos pasaron, y nos las encontramos cuando nosotros llegábamos y ellas se iban (con miradas curiosas por su parte), en la parada final del cementerio: el Templo Okuno o mausoleo de Kukai Aquí está enterrado el fundador del budismo shingon, y tiene 20000 lamparas colgando (o eso dicen vamos, no las contamos xD), también varias estatuas de deidades protectoras de Buda, etc. El sitio es un lugar tranquilo, con poca luz, en consonancia con el resto del cementerio… había merecido la pena llegar hasta aquí, sin duda alguna 🙂 Por cierto, en uno de los folletos que teníamos de Koyasan (e información que no habíamos leído antes) indicaba que en el cementerio ¡¡¡hay más de medio millón de tumbas!!!, impresionante… Me lo creo, ¡porque es enorme! :O

Volvimos por el otro camino como dije antes. Al estar más abierto y no tan rodeado de árboles tochos, entraba más luz, y el camino era más ancho, más amplio. Esta parte se notaba que era más nueva, aparte había tumbas y mausoleos más grandes (de peña importante o/y con pasta jeje). Sobretodo curioso era una tumba… ¡¡¡con un cohete!!!, y su lápida con una inscripción que obviamente al estar en japonés no sabíamos de qué era… ¿quizás de algún astronauta japo? :O (lo buscaré lo buscaré). La verdad es que era bastante curioso, esta tumba estaba cerca de la salida, o de la entrada vamos xD.

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En fin, ya era “tarde” y estaba atardeciendo de forma rápida… el sol estaba bajando, al igual que bajaba la temperatura, ahora sí que hacia frío, yo ya estaba con las narices y las orejas rojas del mismo xD. Era momento de volver a nuestro alojamiento, ya que se cena entre las 18 y 19. Es una putada, ya me dirás qué horarios para nosotros, pero es lo que hay… aparte era cena vegetariana 🙁 Al menos llevábamos patatas y cosillas para picar y no pasar hambre jeje. Llegamos ya anocheciendo… no había ni un alma por las calles y, obviamente, todo cerrado, al menos donde estábamos nosotros… pero bueno, tampoco íbamos a salir luego a ningún lado jaja, de noche, todo cerrado, con el frió que hacia y el lugar en el que nos encontrábamos…

Entramos a las habitaciones y pusimos el calentador para que se fuera calentando un poquito, la habitación estaba helada. Al momento vino el monje kid y nos llevó a una sala para la cena. Nos sorprendió que no había nadie más… y es que teníamos una sala para cenar nosotros solos de forma privada, ahí tirados en el tatami jeje. Esperamos unos minutos y vino con la cena… ¡¡¡y vaya sorpresa!!! Todo preparado con mucho cuidado y mimo, todo colocado estratégicamente de forma perfecta, como una ceremonia… mientras, nosotros mirábamos y grabábamos un vídeo ;). Nos preguntó si queríamos sake o cerveza, le dijimos que las dos cosas, obviamente xDDD. Ahora, para después de cenar, sake, y después ya en la habitación, unas cervecitas.

Aproveché para preguntarle por el resto de gente… ya que habíamos visto mucho calzado en la entrada, pero no habíamos visto a nadie, ni se oían voces ni nada de nada. Se empezó a rallar porque no sabía explicarse jeje, pero llegamos a entender que sí había más gente, al menos una pareja más (¿¿¿y todo el calzado???), en fin, nos pusimos a disfrutar de la cena… ¡¡¡y vaya cena!!!, mucho mejor de lo esperado. Cierto es que casi todo era “vegetal” jeje, pero la mayoría se podía comer xD, también había tofu, sopa de miso, arroz etc… Así que al final cenamos muy bien y mucho mejor de lo esperado contando que era vegetariano… y después una botellita de sake para cada uno (sí, nos tomamos una por cabeza xD). No pasa nada… lo bueno de estar “ya en el suelo”, es que puedes ir gateando o rodando jajaja.

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Vino el monje y recogió todo, nos fuimos a la habitación y al momento nos trajo las birras. Y ahí nos quedamos hasta que nos fuimos a dormir, viendo la tv (como siempre, con esos programas hiperfrikiabsurdosdecomidaydemujeres), bebiendo y charlando tranquilamente… hasta que nos fuimos a sobar. ¿La hora?, ni idea la verdad, ciertamente habíamos perdido la noción del tiempo… aunque, que yo recuerde, quizás fue el día que más sobamos de todo el viaje, o al menos el que mejor sobamos. Fue meterme en el futón y no despertarme hasta por la mañana jeje, entre el cansancio y el frió que hacia… y ahí metidos todo calentitos en el futón sobre el tatami después del sake y las cervecitas… pues dormimos como reyes, en la misma postura que me quedé sobado, así me desperté, tal cual yo creo que ni me moví xD. Un grandísimo día en el Monta Koya, impregnados de historia, cultura y budismo shingon, qué gran acierto había sido elegir venir hasta aquí y alojarnos una noche 😀

 

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Sobre David Vecino De La Guía

David Vecino De La Guía
David Vecino De La Guía | Acuario y madrileño, ávido de información y nuevas experiencias. Maestrillo de todo, maestro de nada y profesional de mucho: turismo, protocolo, eventos, marketing, ventas, informática, formación, terapias alternativas, filosofía, etc... Cinéfilo, devorador de libros, electrónico musical, futbolero de pro y cervecero gastronómico. Viajero empedernido, a ratos turista, como mayor pasión. Ética, moral, valores, coherencia.

2 comentarios

  1. Jeje, para eso estamos compi!!! 🙂

  2. Cuando uno escribe en el blog cosas como "parada de KoyaKeisatsumae" a quein leches le interesara el nombre de la parada esa.

    Pues para que llegue alguien como yo dos años depues de publicar la entrada y planificar un paseo por el Mt Koya, Saludos 😉

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